El ser humano es un ser de necesidad. Nos levantamos cada mañana con ganas de comer, con ganas de orinar o con ganas de ignorar la lavá de boca que hay que darse antes de salir al quehacer diario. Unos, como yo, solo tienen que ir a coger clases, mientras otros se levantan a trabajar ya sea en una oficina, en restaurantes o en puntos de drogas. En fin, tal como padecemos, inconscientemente, de envidia cuando vemos a nuestro prójimo con trabajo estable y con ropa linda, padecemos de la necesidad de creer en el “destino”, en el “propósito” que “eso” que diseña y controla tiene para uno. A ese “eso”, a través del tiempo, lo han nombrado de innumerables maneras. Cada cual escoge el cómo les gustaría imaginárselo, que si calvo y barrigón, azul, barbú, gigante, etc. Anyway, mi punto no es escribir sobre lo estúpida o cierta que sea una creencia religiosa, pues a la hora de la verdad, esos que niegan la existencia de una deidad no aportan ninguna contestación al dilema existencial de saber de dónde coño salimos, que es lo que, obviamente, mantiene el nacimiento y desarrollo de nuevos grupos espirituales que sacan seguidores hasta de debajo de las piedras. Es más, me atrevo a apostar que una gran mayoría de los llamados “ateos” o indiferentes religiosos NUNCA han sacado un día para irse a repartir comida a deambulantes, o a brindar una palabra de aliento al adicto cuya familia y gobierno ha abandonado, o a visitar residenciales, donde el crimen son la orden del día, para llevar un mensaje positivo.
No sé tú, pero cada vez que me hablan del “propósito” que la vida o el “eso” tiene para mí, es como si me hicieran un chiste de Arango que me había llegado, el mismo día del revolú, por mensaje de texto. Me encuentro nuevamente con la misma mierda de mentalidad que mantiene a este planeta en una parálisis estilo Anibal Vega Borges, chupándose cuanto limón agrio le empujan en la boca y cuidao’ si por el fondillo. “Tú prometes mucho”, “Dios tiene un plan para ti”, etc.
Tanto optimismo espontáneo me revuelca las tripas. De la noche a la mañana, todos tenemos una cita con el destino y tenemos el potencial para “triunfar”, cuando a la hora de la verdad, nadie lo hace. ¿Montaste tu negocio? ¿Te graduaste? ¿Trabajas en algo que deja buen billete? ¿Estás bien buen@? ¿Tienes una vida social saludable? Bien hecho. Te sientes bien, te sientes, por un momento, feliz.
De un momento a otro la vida es un anuncio de Coca-Cola donde todos los chamacos tienen abdominales y pelo lacio. En menos de un segundo, una vida normal y decente te aguarda en el horizonte, y da la casualidad que la vida decente incluye una mujer tetona, hijos blanquitos e inteligentes y un plasma con cable tv.
Tristemente, la realidad, aunque esta es simplemente una perspectiva muy individual, es otra. Ahora mismo hay una mujer cogiendo su cartera Britto para salir a la calle sin sospechar que es una modalidad odiar e identificar como “cafres” a los que usan tan coloridos productos. Ahora mismo hay alguien que tiene un dolor de hambre porque no ha comido una semana, pero aquí, en el “primer y limpio mundo”, parecen pensar que los africanos son de chocolate y pueden comerse a ellos mismos. Ahora mismo hay una familia destrozada porque un cabrón plan médico no cubre los tratamientos contra el cáncer. Sí, ahora mismito, hay vidas haciéndose cantos porque al cabrón gobierno le da con dejar que las drogas y las armas entren, se repartan, se empaquen y se vendan en los 78 municipios de una isla insignificante en extensión territorial. Ahora mismo el mundo está cambiando, y nosotros, ¿Qué hacemos? Nada.
Creo que ha llegado la hora de preguntarnos cuál es nuestro verdadero rol en un planeta cuyos recursos ya comienzan a escasear, a la vez que vamos más allá de ser una “colonia norteamericana” y nos centramos en lo que somos todos: humanos. No hablo de revoluciones, ni de socialismo, en verdad, no sé ni de qué carajo hablo. El punto es que dejemos de ser tan patéticos y egocentristas, dejemos de imaginar que la divina Virgen del Pozo ha escrito con sus benditas aguas nuestras vidas y que todos seremos seres cuyos futuros están asegurados. Dejemos de actuar como si el agua que sale por nuestro inodoro fuera a salir por siempre o como si El Yunque fuera a continuar “estando frío”, como nos enseña Caribbean Cinemas. Dios, o el “eso”, no tiene un propósito con nadie. Dios nos hizo hace muchos años y se fue a hacerse un sándwich. Dejemos de pensar que “si soy positivo, bien, bien positivo atraeré lo que quiero a mi vida”, pues estoy seguro de que muchos “tecatos” se levantan convencidos en dejar el vicio pal carajo y terminan capeando, al igual de que estoy seguro de que muchos somalíes se levantan temprano con esperanzas de que encontrarán algo que meterse al estómago y no lo hacen.
El que cumplas con las expectativas que la sociedad te impone, como ser lindo, exitoso y sociable, no significa que hayas vivido con propósito, al igual que el que puedas elegir que producto comprar no significa que seas libre.